Dios me sostiene

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En momentos de desánimo me aferro a una verdad en Romanos 8. El versículo 28 dice: «Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito».

El «Ahora bien» al principio es la clave. Además de sus otras aseveraciones, Dios promete el bien incluso en los peores escenarios. Esa es una verdad en la que hay que insistir.

He dejado que el Señor me acerque a él desde que mi hijo Alex murió. He aprendido a apoyarme en él con cada oleada de tristeza. Corro a él, en verdad —a menudo— debido a que no tengo ninguna otra parte a dónde ir si quiero sobrevivir a esta aflicción, pero principalmente debido a que anhelo para mi alma el bálsamo que solo él da.

Tal como Dios conocía a Alex y le entretejió antes de que naciera, me conocía a mí y me creó. Él vio los días del quebrantamiento que me vendrían y estaba listo para ello aun cuando yo no lo estaba.

Mientras yo sostenía en mis brazos a Alex, Dios me sostenía a mí y todavía me sostiene.

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